De la sanción al respeto: el giro hacia la protección real.
NEXT THINKING
CLAVES DE TECNOLOGÍA, INNOVACIÓN Y ESTRATEGIA PARA LÍDERES DE LATAM
Hola. Entre el pitazo final del Mundial y las maletas del verano, julio nos tiene buscando un merecido respiro. Pero si algo nos recuerda esta mitad de año, es que la mejor jugada —tanto en la cancha como en la oficina— es la que se hace con confianza y no bajo presión.
Durante años, muchas organizaciones han intentado fortalecer la ciberseguridad a punta de miedo: no haga clic, no comparta, no abra ese archivo. Sin embargo, el eslabón más vulnerable sigue siendo el mismo: las personas. Y un curso aburrido de 15 minutos una vez al año no va a cambiar ese hecho.
Hoy el reto para los líderes de IT no es imponer reglas, sino construir una cultura donde cada persona entienda que el dato que maneja es valioso, que protegerlo tiene un impacto real y que su comportamiento suma o resta a la resiliencia de toda la organización.
Eso no pasa por decreto. Ocurre cuando desde los niveles directivos se modela el comportamiento, cuando se mide el cambio de hábitos, y cuando se hace de la seguridad una responsabilidad compartida. La gamificación puede ayudar, pero no como un juego superficial, sino como una herramienta para reforzar conductas deseadas.
En esta edición de Next Thinking exploramos cómo pasar de una cultura del miedo a una cultura de respeto al dato, un cambio que puede marcar la diferencia entre cumplir con la política o realmente proteger el activo más valioso de la empresa.
Contexto Las organizaciones en América Latina suelen gestionar la seguridad corporativa mediante la coerción, generando entornos restrictivos donde los colaboradores ocultan fallas por temor a sanciones disciplinarias. Sin embargo, prohibir o castigar no frena la adopción tecnológica; por el contrario, fomenta el uso no regulado de herramientas cuya falta de gobernanza incrementa las vulnerabilidades de confidencialidad, tal como advierte el jefe evangelista de Zoho, Raju Vegesna, en un análisis sobre la privacidad y adopción de AI en empresas. Esta postura punitiva coloca a los directivos ante el dilema de bloquear o permitir el Shadow AI, donde la restricción a ciegas solo empuja a los usuarios a operar en la sombra.
Datos objetivos De acuerdo con el informe Verizon DBIR 2024, 68% de las brechas de seguridad involucran el factor humano, mientras que cerca del 49% de las pérdidas de datos se atribuyen a fallos involuntarios de los colaboradores. El ocultamiento de incidentes prolonga el tiempo de permanencia del atacante en la red (dwell time): 46% de las empresas no detecta sus propias brechas y, entre las que lo logran, 42% tarda entre 31 y 90 días en identificarlas. La latencia en la detección impacta directamente el balance financiero: reportes de IBM confirman que contener un incidente en menos de 200 días reduce el costo total de la brecha en promedio $1.2 millones de dólares.
¿Por qué es importante? La desconfianza sistémica paraliza la agilidad del negocio. Mientras las áreas de IT intentan mitigar vulnerabilidades mediante controles puramente normativos, la evidencia demuestra que las amenazas derivadas de la falsificación digital de información y la ingeniería social rebasan cualquier defensa reactiva. Asimismo, la falta de alineación estratégica y de confianza entre departamentos deriva en severos errores de integración en la automatización de procesos, erosionando la eficiencia operativa institucional.
¿Qué significa realmente? El cumplimiento normativo en papel no equivale a protección efectiva en la práctica. Para la alta dirección, esto implica desmantelar la concepción de la ciberseguridad como un problema exclusivo del departamento de tecnología y traducirla en un indicador transversal de negocio. Significa asumir que el eslabón humano no se "arregla" con sanciones, sino integrándolo como un sensor activo donde la visibilidad y la notificación oportuna de fallos se valoren como activos estratégicos. El trasfondo Históricamente, las áreas de IT operaron bajo esquemas de control perimetral estricto, midiendo su éxito mediante la contención rígida y el bloqueo de accesos. Esta postura reactiva convirtió formalmente a los equipos de tecnología en el "departamento del NO", generando una fricción permanente con la productividad. Para mantener el flujo de trabajo, los usuarios comenzaron a eludir controles o a encubrir descuidos por temor a represalias disciplinarias. Ante la descentralización digital y la automatización, los CISO enfrentan el desafío de gestionar la identidad en la era de la AI mediante esquemas Just-In-Time, superando los modelos obsoletos de fiscalización que hoy resultan insostenibles. Nuestra visión La evolución de la madurez digital en América Latina exige migrar hacia modelos formales de Gestión del Riesgo Humano (Human Risk Management o HRM). La resiliencia corporativa no debe medirse por el porcentaje de empleados que aprueban un curso anual obligatorio, sino por la velocidad de notificación voluntaria tras un incidente. Adoptar análisis de comportamiento no punitivos, simulaciones dinámicas y políticas de reporte transparente (blameless post-mortems) permitirá transformar la vulnerabilidad en una capacidad analítica y defensiva superior.
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¿Qué métrica prioriza su organización para evaluar la efectividad de la estrategia de concienciación en ciberseguridad?
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