El presidente de Estados Unidos (EU) Donald Trump afirmó que se asociará con empresas tecnológicas para garantizar que los grandes centros de datos, infraestructuras de alto consumo energético vitales para la inteligencia artificial (AI por sus siglas en inglés), no disparen las tarifas eléctricas en el país.
“Somos el mercado más dinámico del mundo y el número uno en AI. Los centros de datos son clave para ese auge y para mantener a los estadounidenses libres y seguros, pero las grandes empresas tecnológicas que los construyen deben ‘financiarse a sí mismas'”, escribió en su red social Truth Social.
De acuerdo con el reporte Electricity 2025 de la Agencia Internacional de Energía (IEA), se proyecta que para finales de 2026 el consumo energético de los centros de datos representará cerca de 4% del consumo eléctrico global, lo que ha obligado a los Gobiernos a replantear los modelos de subsidios energéticos para las llamadas Big Tech.
El mandatario anunció que Microsoft es la primera corporación en sumarse formalmente a esta iniciativa, por lo que le agradeció y felicitó.
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El plan de Microsoft
El presidente de Microsoft, Brad Smith, dio a conocer el plan de la compañía en una presentación a inicios de semana cerca de la Casa Blanca titulada “Infraestructura de AI que prioriza la comunidad“.
Explicó que la iniciativa busca minimizar el consumo de agua y garantizar que la demanda eléctrica de Microsoft no incremente los costos de suministro para los usuarios finales.
En las localidades donde Microsoft opera centros de datos, la compañía se comprometió a pagar el impuesto predial correspondiente, renunciando a reducciones fiscales o descuentos en las tarifas eléctricas que suelen otorgarse para atraer inversión en IT.
“Al igual que las grandes obras del pasado, la infraestructura de AI es costosa y compleja. Esto reaviva una pregunta de larga data: ¿cómo puede nuestro país construir una infraestructura transformadora que fortalezca, en lugar de sobrecargar, a las comunidades locales donde se arraiga?”, escribió Smith en una publicación de blog.
El cambio de Trump
Trump ha adoptado la AI como eje central de su segundo mandato, recibiendo a CEO tecnológicos tanto en la Casa Blanca como en Mar-a-Lago. Además, ha firmado órdenes ejecutivas para desregular la AI y flexibilizar normas ambientales, buscando agilizar la tramitación de permisos federales.
No obstante, ante la creciente preocupación por la asequibilidad energética y la reacción negativa de las comunidades, el presidente parece estar ajustando su postura hacia un modelo de “responsabilidad corporativa total”.
El Departamento de Energía (DOE por sus siglas en inglés) de Estados Unidos identificó en su reporte de 2025 que los retrasos en la interconexión de red para nuevos centros de datos superan los cinco años en jurisdicciones clave, lo que justifica la urgencia administrativa de la actual gestión.
El Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) señala en un reporte de diciembre de 2025 que 60% de las empresas Fortune 500 han tenido que renegociar sus objetivos de sostenibilidad, ya que el entrenamiento de modelos avanzados de inteligencia artificial generativia (GenAI por su acrónimo en inglés) consume gran parte de sus presupuestos de emisiones de alcance 2 y 3.
Resistencia en las comunidades y el costo ambiental
Investigaciones de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-EHS) indican que los modelos de lenguaje de nueva generación requieren sistemas de enfriamiento que elevan el uso de agua por encima de los 1.8 litros por kWh, un factor crítico que las empresas deben mitigar para mantener su licencia social de operación en 2026.
A medida que los centros de datos proliferan, las comunidades han protestado alegando que estas instalaciones agotan los recursos hídricos y encarecen la vida. Esta indignación ha generado un consenso entre diversos espectros políticos, desde estados republicanos como Oklahoma y Luisiana, hasta bastiones demócratas como Oregón y Nueva York.
La magnitud del desafío es técnica: un centro de datos a gran escala puede utilizar la misma electricidad que una ciudad pequeña y consumir hasta un millón de galones de agua al día.
Finalmente, el impacto ambiental sigue siendo el “talón de Aquiles” de la tecnología. Microsoft ha registrado un incremento de 23% en sus emisiones de carbono desde 2020.
Otras Big Tech, como Google, Amazon y Meta, enfrentan desafíos similares, lo que pone en duda sus metas de descarbonización para 2030 frente a la insaciable demanda de cómputo de la GenAI.



