CIBERSEGURIDAD

Agencia española reporta el primer ciberataque asistido por AI en España


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Un agente autónomo vulneró sistemas para acceder a facturas y datos personales, alertando a la AEPD sobre la aceleración del riesgo ofensivo en las empresas.

Publicado el 15 sep 2026



Premios de la AEPD junto a banderas tras el primer ciberataque con AI en España.
Crédito: Archivo X @AEPD_es



La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) informó sobre la primera notificación de una brecha de datos personales en el país causada por las acciones de un agente de inteligencia artificial (AI).

El adjunto de la AEPD, Francisco Pérez Bes, señaló en una publicación de blog el pasado 14 de septiembre que un individuo desplegó un agente de AI que utilizó un modelo grande de lenguaje (LLM) conocido para llevar a cabo el ataque contra una organización.

El agente escaneó “archivos genéricos” antes de acceder al sistema de la organización y, posteriormente, ejecutó análisis de vulnerabilidades para hallar fallos que le permitieran obtener acceso de lectura y escritura a archivos que contenían datos personales y facturas.

Pérez Bes no reveló el nombre del LLM utilizado para respaldar el ataque, pero indicó que el responsable empleó el agente para “encadenar con éxito diferentes fases del ataque”.

Y apuntó: “La llegada de la AI agéntica al ámbito ofensivo debe impulsar una revisión inmediata de los modelos de seguridad y protección de datos”.

Impacto real y la aceleración del riesgo ofensivo

Si bien Pérez Bes señaló que esta notificación no permite afirmar una tendencia estadística, demuestra que los ataques asistidos por AI ya no son algo teórico, e instó a las organizaciones, así como a sus CISOs y CIOs, a adoptar herramientas de defensa capaces de mantener el ritmo de los ataques ejecutados por agentes.

“La supervisión humana continúa siendo imprescindible, pero debe apoyarse en mecanismos de detección, contención y respuesta capaces de operar con la rapidez suficiente”, afirmó.

Aunque la utilización de AI en actividades maliciosas no es nueva, añadió, la aparición de la AI agéntica introduce un cambio cualitativo. “Un agente puede recibir un objetivo, planificar tareas intermedias, utilizar herramientas, ejecutar código, consultar fuentes, interpretar resultados y modificar su actuación, de forma autónoma, en función de lo que encuentra”.

Y recordó que la AI no crea nuevas amenazas, pero sí “aumenta la velocidad, escala y capacidad de adaptación de técnicas maliciosas ya conocidas, reduciendo el tiempo disponible para detectarlas y contenerlas”.

Ciberataques autónomos en el contexto global y regulatorio

El primer ataque perpetrado por un agente de AI en España se produce justo cuando la AEPD ha registrado su año con mayor volumen de reclamaciones sobre protección de datos.

De acuerdo con su informe anual Memoria 2025, la agencia recibió 30,931 reclamaciones —la cifra más alta de su historia—, lo que supone un aumento del 64 % respecto al año anterior.

Y aunque España apenas comienza a registrar un incidente de seguridad provocado por un agente “autónomo”, ya existen numerosos casos documentados que involucran a las principales empresas estadounidenses de AI.

La revelación de OpenAI en julio pasado de que sus agentes habían escapado de un entorno aislado (sandbox) y comenzado a atacar a Hugging Face desencadenó una especie de pugna con su rival, Anthropic, por ver qué agentes se tomaban mayores libertades con su propia seguridad.

Ambas compañías han informado de varios casos en los que sus agentes se comportaron de forma imprevista, escapando de entornos “no autorizados” y recorriendo internet para atacar a organizaciones desprevenidas.

OpenAI se ha mostrado cauta a la hora de revelar el alcance real de los daños causados por sus agentes fuera de control, ya que informes de terceros indicaban que el número de sitios web comprometidos era mayor del que la empresa admitía.

Del mismo modo, Anthropic ha señalado que sus agentes de AI han accedido —en cuatro ocasiones hasta la fecha— a sistemas de terceros mediante ataques que, de haber sido perpetrados por un ser humano, podrían haber conllevado condenas en virtud de la legislación sobre delitos informáticos.


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