¿Qué significará la presidencia de Biden para el mundo tecnológico?

El nuevo presidente de la primera economía del mundo, Joe Biden, recibirá un país convulsionado y con muchos retos que afrontar. Si bien la tecnología no parece estar entre sus prioridades, se verá obligado a resolver procesos que ya están en marcha, como los juicios contra las Big Tech, y ha explicitado intenciones de echar marcha atrás en algunas políticas públicas, como la suspensión de las visas a trabajadores migrantes altamente calificados. Más allá de la rapidez con la que operen estos cambios, es claro que afectarán no solo a organizaciones dentro de Estados Unidos.

No son muchos los detalles que Biden ha compartido hasta ahora respecto a sus políticas tecnológicas. Su Manifiesto, incluye varios compromisos enfocados en energía limpia, micro movilidad y agricultura. El próximo presidente de Estados Unidos también indicó que realizaría una inversión de $300,000 millones de dólares en R&D de “tecnologías disruptivas”, así como también dirigirá esfuerzos hacia la creación de nuevos núcleos tecnológicos. 5G y la “conectividad para cada americano” también ha sido mencionado en algunos de sus discursos, pero todo se mantiene aún en la superficie.

Diversos analistas opinan que Joe Biden probablemente tendrá una política tecnológica similar a la de Barack Obama, que incluso fue criticado por la “mano blanda” con la que trató a gigantes como Google y Facebook. El anterior presidente demócrata ha tiene una cercanía y simpatía pública con Silicon Valley, y se le responsabiliza en parte por el poder desproporcionado con el que cuentan las tecnológicas actualmente. Otra señal que apunta en esta dirección es que Kamala Harris, vicepresidenta electa, ha hecho su carrera reciente como senadora por California. Harris es uno de los personajes del mundo político más cercanos a las Big Tech y se asume que sus esfuerzos políticos se concentrarán en beneficiar a quienes la ayudaron a alcanzar su flamante nuevo puesto.

Pero no todo será amigable para las tecnológicas. Hay varios procesos que sufrirán un golpe de timón importante y que podrían redefinir políticas regulatorias, restricciones, o incluso dividir a grandes empresas sospechosas de estar incurriendo en políticas monopólicas.

Se fractura la Sección 230 y sufren las Big Tech

El Acta de Telecomunicaciones de 1996 incluyó la Sección 230, un resquicio legal que ha sido llamado “el escudo contra la responsabilidad” de las tecnológicas. La 230 provee inmunidad para los servicios que alojan contenido publicado por terceros. Originalmente se pensó para que los proveedores de internet fueran vistos como distribuidores en lugar de publicadores. Es por esta sección del acta que plataformas como Facebook o Twitter no operan bajo las mismas reglas que un medio de comunicación, lo que les permitió crecer de forma desproporcionada y propiciar un ambiente informativo plagado de noticias falsas y en el que tanto agentes internos como externos pueden esparcir la desinformación de forma impune.

De lado de los Republicanos y del de los Demócratas ya abundan las voces que quieren eliminar o modificar la Sección 230. El gobierno de Trump acusa que los conservadores sufren censura constante y sin derecho a réplica gracias ella, mientras que los Demócratas señalan que controlar la desinformación bajo una Sección 230 sin cambios es prácticamente imposible.

Biden comentó en una entrevista a mediados del 2020 que su intención es derogar la Sección 230 por completo, pero analistas como Derek Bambauer, profesor de legislación de internet en la University of Arizona, han dicho que una medida así de tajante tiene pocas posibilidades de ser aprobada en el congreso. Si algo es seguro, es que la Sección 230 sufrirá modificaciones severas.

Pero las consecuencias para las Big Tech no se acaban ahí. El Departamento de Justicia ya tiene en marcha juicios antimonopolio contra Google y Facebook, cuyas consecuencias podrían ser la fragmentación de estas compañías en unidades más pequeñas. Se espera que Biden, más allá de suavizar estas acciones, meta el acelerador e incluya incluso mayores restricciones y reglas para las grandes compañías. La cercanía de Kamala Harris con el mundo de Silicon Valley actuará como fuerza opuesta a esta intención, pero no debería poder detener la transformación de las tecnológicas, que se está volviendo una preocupación en todo el mundo.

China seguirá siendo un enemigo

Una de las batallas más largas que ha librado Trump durante su mandado es mermar la creciente relevancia de China en todos los ámbitos. La ya infame “lista negra” prohibió la relación comercial de empresas estadounidenses con proveedores chinos, con la seguridad de los datos y la protección contra el espionaje como sus principales argumentos. Famosa fue la rencilla entre TikTok y el actual presidente, que a pesar de sus esfuerzos no logró poner un fin definitivo a las operaciones de la red social y de su compañía madre, ByteDance, en territorio norteamericano.

Biden dijo hace unos meses que apps como TikTok eran realmente preocupantes, pero pocos creen que abordará la problemática en los mismos términos que Trump, optando más bien por un enfoque conciliador y más cauteloso. Es probable que las apps chinas se enfrenten a más regulaciones, pero difícilmente deberán abandonar el país.

La restricción de Trump también golpeó con fuerza a los fabricantes de chips chinos, y de paso produjo problemas en la cadena de suministro de las muchas tecnológicas que dependen de la producción china para armar sus productos. Si bien es poco probable que esta situación se revierta, el logos de campaña de Biden es “Reconstruir mejor”, por lo que apuntará a una mejor relación comercial con Europa, a fin de nivelar un poco mejor el poder en el esquema de manufactura global.

Una nueva era para la privacidad

El primer golpe lo asestó Europa con su General Data Protection Regulation (GDPR). Se le sumó, con un poco más de timidez, la reciente Ley de Privacidad de Datos de California, pero expertos y analistas coinciden en que esto no será suficiente para regular el gran poder que las tecnológicas están teniendo sobre las personas, al contar con un flujo constante de información personal de todo tipo.

Darrel West, experto en política tecnológica de Brookings Institution, comentó a NPR que existe una gran posibilidad de que Biden enacte una ley nacional de privacidad en 2021. Lo sorprendente es que serían las propias tecnológicas quienes la están pidiendo. “Están próximas a enfrentarse a un escenario en el que tengan que cumplir 50 grupos de reglas estatales distintas, lo que representa una pesadilla desde su punto de vista”, indicó West. Dado que estas leyes suelen afectar a quienes hagan negocios con empresas estadounidenses, y sin contar los variados acuerdos comerciales vinculantes entre EE.UU. y México, este podría ser uno de los cambios que más repercusiones tengan para las organizaciones mexicanas. Afortunadamente, las perspectivas son que tanto empresas como usuarios se beneficiarán: unos por contar con un marco regulatorio estable, y los otros por tener más barreras que impidan el abuso de sus datos.

Se abrirán las oportunidades para trabajadores migrantes

Algunas de las políticas públicas de Trump que mayor rechazo interno y externo recibieron fueron las de restricción migratoria, en especial aquellas que afectan a la H-1B, una visa otorgada a trabajadores altamente calificados. Decir que el éxito actual de Silicon Valley fue construido sobre la H-1B no es exagerar: más del 60% de los empleados en ingeniería, computación y matemáticas en Estados Unidos nacieron fuera del país.

Trump, en línea con su principio de “America primero”, quiso incluso eliminar por completo la H-1B, pero no generó incentivos internos suficientes que permitieran suplir la falta de trabajadores calificados migrantes. Biden prometió que de ser elegido revertiría las medidas impuestas por Trump respecto a las visas, pero aún no ha especificado cómo ni cuando lo hará.

De todas formas, por culpa de la pandemia, las barreras geográficas son cada vez menos importantes a la hora de emplear personas, así que es posible que se vean primero mayores regulaciones en la “gig economy” y en la contrataciones de trabajadores remotos.

Al final de la agenda

Dicho lo anterior, hay que considerar que Joe Biden recibirá un país polarizado, en medio de una crisis pandémica, con una baja confianza en sus instituciones y muchas alertas en ámbitos ambientales, de seguridad nacional y económicos. Un escenario posible es que las medidas que afectan directamente al mundo tecnológico se posterguen hasta que Estados Unidos se encuentre en una mejor posición. Eso explicaría la falta de detalle que existe actualmente respecto a medidas y protocolos futuros. De todas formas, se espera que el nuevo presidente profundice en la agenda tecnológica en las primeras semanas de su mandato, que comenzará el 20 de enero.

 

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Director editorial de IT Masters Mag. Experto en gatos, libros y en los intrincados procesos tecnológicos que atraviesan el funcionamiento de las sociedades en todas sus expresiones.

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