Hace solo unos días, el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) publicó un reporte anual que debe ser de mucho interés para todo CEO, CIO y cualquier líder de una organización pública o privada. Me refiero al Global Risks Report 2026.
A continuación comentaré brevemente sobre algunos de los riesgos tecnológicos que señala como los principales, y cómo uno de ellos ha escalado posiciones hasta convertirse en uno de los mayores para el mundo, con una perspectiva de empeorar en los próximos dos años.
Índice de temas
El regreso a “la ley del más fuerte”
En la última década, hemos sido testigos de cómo la tecnología ha pasado de ser una herramienta de apoyo a convertirse en el —o realmente modificarlo— tejido mismo de nuestra sociedad. Sin embargo, este avance acelerado trae consigo una serie de sombras que los líderes mundiales vigilan de cerca.
De acuerdo con los dos más recientes informes de riesgos globales del WEF (2025 y 2026), estamos entrando en lo que se denomina la “Era de la Competencia”, un periodo marcado por la incertidumbre y la fragmentación donde la tecnología juega un papel de doble filo.
Mientras que el año pasado el foco estaba en las divisiones crecientes, para este el panorama se ha vuelto aún más complejo, situándonos en un equilibrio precario donde la confrontación está reemplazando a la colaboración.
En los círculos académicos de la politología, se empieza a hablar de que el orden internacional que prevaleció desde la postguerra hasta ahora, llamado por algunos “international liberal order”, basado en reglas y multilateralismo; está siendo reemplazado por un nuevo orden al que le están buscando un nombre y definición, y que algunos —por ejemplo, en la Universidad de Cambridge— denominan “Neo-royalism”.
En realidad es un regreso a “la ley del más fuerte”, que no sigue reglas y que ni siquiera está constreñido por las fronteras nacionales, sino dominados por grupos de individuos con intereses particulares, transversales al orbe.
Este sistema, es mucho más impredecible que el anterior, porque los únicos límites son los que se quieran autoimponer y sus intereses pueden ser cambiantes, y por ende, mucho más riesgoso.
El riesgo tecnológico número uno: la desinformación
Aunque a menudo pensamos en los “hackers” o el robo de datos como los mayores peligros digitales, el riesgo de origen tecnológico más grave que enfrenta la humanidad hoy en día no es la ciberdelincuencia, sino la información falsa (misinformation) y la desinformación (disinformation), también coloquialmente conocido como “fake news”.
Por segundo año consecutivo en 2025, este fenómeno se consolidó como la principal preocupación a corto plazo en todas las categorías de riesgo. Para 2026, aunque las tensiones geoeconómicas han tomado el primer puesto general debido a los conflictos mundiales, la desinformación se mantiene en un nivel crítico, ocupando el segundo lugar de severidad para los próximos dos años.
Este riesgo es persistente y tiene la capacidad única de echar leña al fuego de otros problemas globales, como los conflictos armados o la polarización social.
La diferencia fundamental entre ambos términos es importante para el público general: la misinformation es información falsa que se difunde sin intención de daño, mientras que la disinformation es contenido creado deliberadamente para engañar y manipular la opinión pública.
Lo alarmante es que la perspectiva para los siguientes dos años indica que este riesgo puede ponerse aún peor —será el segundo riesgo mayor, solo detrás de la confrontación geoeconómica—, ya que se vuelve cada vez más difícil para el ciudadano común, e incluso para los Gobiernos, distinguir entre lo que es real y lo que es sintético.
La AI, ¿aliada o enemiga de la verdad?
Uno de los grandes cambios que observamos al comparar el reporte de 2025 con el de 2026 es cómo ha evolucionado la percepción de la inteligencia artificial (AI por sus siglas en inglés).
En 2025, los efectos adversos de la AI todavía se consideraban un riesgo “bajo el radar” para el corto plazo, ocupando posiciones bajas en las listas de preocupaciones inmediatas. Sin embargo, para 2026, esta tecnología ha dado un salto gigante en la escala de preocupaciones, convirtiéndose en el riesgo que más posiciones escala en gravedad hacia el futuro.
La inteligencia artificial generativa (GenAI por su acrónimo en inglés) es la principal responsable de este cambio de percepción. Esta tecnología permite crear contenido falso, ya sean textos, audios o videos —conocidos como deepfakes—, a una escala y con una velocidad sin precedentes.
El gran temor es que esta capacidad sea utilizada para crear más desinformación, contaminando el discurso público y debilitando la confianza en las instituciones.
De hecho, los expertos advierten que ya no solo es difícil diferenciar entre contenido humano y artificial, sino que los actores malintencionados pueden automatizar campañas enteras para influir en procesos electorales o sembrar dudas sobre lo que ocurre en zonas de conflicto.
El impacto en nuestra vida diaria y la sociedad
La combinación de desinformación y AI crea un ecosistema digital donde la polarización social se intensifica. Al estar expuestos constantemente a información manipulada que refuerza nuestros propios prejuicios —un fenómeno ayudado por los algoritmos—, las sociedades se dividen en bandos cada vez más enfrentados.
Esto no es solo debate filosófico; tiene consecuencias en la estabilidad de las democracias, la respuesta a crisis de salud y el cumplimiento de los derechos humanos.
Incluso riesgos técnicos tradicionales como la inseguridad cibernética, que sigue siendo una amenaza importante y ocupa el sexto lugar de severidad para 2028, se ven superados por el impacto social de la mentira digital. Los riesgos de ciberinseguridad hoy están cuatro lugares debajo de los de la malinformación y desinformación.
Mientras que un ataque cibernético puede detener una infraestructura, la desinformación puede destruir la confianza básica que permite que una sociedad funcione.
Cabe hacer notar, que la percepción de la severidad de estos riesgos se mantiene constante cuando uno segmenta por sectores de la sociedad, como se aprecia:
Hacia el futuro: ¿Qué podemos hacer?
El panorama que dibujan los reportes de 2025 y 2026 es sombrío: 50% de los líderes mundiales prevé un futuro turbulento o tormentoso para los próximos dos años.
Sin embargo, el mismo informe nos da pistas sobre la solución. La herramienta más poderosa que tenemos no es tecnológica, sino humana: la alfabetización digital.
Para frenar esta marea de falsedades, es urgente que Gobiernos y organizaciones inviertan en educar a los ciudadanos para que comprendan cómo funcionan los algoritmos y desarrollen un pensamiento crítico que les permita cuestionar el contenido que consumen. Además, se están desarrollando soluciones técnicas como las marcas de agua digitales para identificar contenido generado por AI, aunque su éxito dependerá de que existan leyes claras que las respalden.
En conclusión, los riesgos tecnológicos de 2026 nos muestran que el mayor peligro no es la máquina en sí, sino el uso que hacemos de ella para distorsionar nuestra realidad. La AI y la desinformación son ahora inseparables y representan el mayor desafío para la convivencia global en los años venideros.
Como sociedad, nuestro reto será aprender a navegar en este mar de incertidumbre sin perder nuestra capacidad de distinguir la verdad.
Una cosa es cierta, en este orbe convulso, con grandes riesgos de confrontación geoeconómica a nivel mundial e incluso de guerras armadas entre países, con sociedades cada vez más polarizadas y con una erosión de los derechos humanos y las libertades civiles, según lo muestra el multicitado reporte del WEF, este nuevo orden mundial muy parecido a “la ley del más fuerte”, las personas (físicas y morales) deberíamos al menos mantener y proteger activamente nuestro derecho a que nuestras ideas y palabras no sean adulteradas, falseadas ni descontextualizadas, en beneficio de nosotros mismos y de los ecosistemas (amigos, clientes, prospectos, proveedores, comunidades, etcétera) en los que nos encontramos.
¡Te podrán quitar por la fuerza de las armas y la coacción económica hasta tus territorios, pero nunca tu verdad!







